Con la entrada de Francia en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos tras el Tratado de Alianza de 1778, España se sumó al conflicto contra Gran Bretaña. No obstante, España no se alió directamente con los patriotas americanos insurgentes ni con el Congreso Continental. El gobierno imperial consideraba a las trece colonias no como súbditos británicos hostiles, pero tampoco como aliados de España. La política oficial trataba a las colonias escindidas como entidades neutrales a las que se permitía recibir ayuda limitada. En el conflicto, la España imperial persiguió sus propios objetivos estratégicos y coloniales; entre los principales se encontraban la defensa de sus colonias existentes, la protección de su comercio marítimo y la recuperación de territorios del Nuevo Mundo perdidos frente a Gran Bretaña en guerras anteriores.
